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Crítica de Brad’s Status: La crisis de la mediana edad

Hubo un momento en el que ver a Ben Stiller protagonizar una película dramática sobre el malestar de la clase media y de mediana edad fue algo refrescante; ya que todos le conocemos por su trabajo en las comedias de grandes estudios. Pero podría decirse que Ben Stiller la está tomando gusto al género, especialmente a las historias de este tipo. Primero con las colaboraciones repetitivas con el maestro del drama burgues Noah Baumbach (Greenberg, While We Young, The Meyerowitz Stories) y ahora con uno de sus trabajos más recientes que podremos ver en. Es por eso que la nueva película de Mike White, Brad’s Status, no le da a Stiller algo nuevo o especialmente innovador para el actor, pero merece el crédito por dirigir a Stiller a que adopte una inclinación poco común en las facetas más desagradables de su temible protagonista.

¿De qué trata Brad’s Status?

Stiller interpreta a Brad Sloane, un hombre que se está preparando para ir de gira a las universidades con su hijo Troy (Austin Abrams); solo para enfrentarse a una crisis de la mediana edad, a saber, su falta de éxito percibido en comparación con sus amigos (interpretado en forma de cameos por Michael Sheen, Luke Wilson, Jemaine Clement y el mismo escritor y director White). Es una premisa claramente Baumbach, claro; a primera vista parece evidentemente inconsciente de su propio potencial para ser una película de “problemas del primer mundo“, una crítica frecuente de la producción de Baumbach.

Sin embargo, rápidamente queda claro que White quiere distanciar su película de cualquier acusación de este tipo, con uno de los personajes más jóvenes e idealistas que eventualmente reprenden a Brad por quejarse de su bastante generosa vida. Además, White imbuye su película con una capa agregada de surrealismo con cortes ocasionales a secuencias de fantasía; y mientras que el uso de la narración de la voz en off es discutible; hace que la película se acerque más al espectador y sus problemas reales y se aleje de la locura elitesca que predomina en otros trabajos de este tipo.

Una historia bien ejecutada

La narración también resulta en una cierta conmoción genuina en ocasiones, especialmente cuando Brad se encuentra con dos de las atractivas amigas de su hijo en un restaurante; lo que le lleva a lamentar todas sus posibilidades perdidas. El resultado es un genuino sentimiento de melancolía con el que casi todos deberían poder relacionarse en algún momento de su vida.

Aunque Brad está pintado como un personaje simpático hasta cierto punto, la película no se muestra tímida al describirlo como el gili que frecuentemente es. Tanto si deja perplejo a su hijo con sus cambios de humor al hablar sobre el potencial de su vida al parecer caducado. A Brad se le permite ser simplemente un individuo frustrante y realista.

Un elenco solvente liderado por Stiller

Si bien la película en general no permite a Stiller añadir muchas novedades a su repertorio, eso no quiere decir que su actuación aquí no sea digna de mérito. Stiller se ha acomodado en los roles de hombres que atraviesan la andropausia mejor de lo que probablemente hubiera esperado hace una década; y rara vez hay un momento en el que no sea completamente creíble como este individuo pasivo-agresivo, torpe y resentido que lucha por encontrar un lugar satisfecho en su vida. Stiller es especialmente bueno cuando Brad se llena de neurosis agotada; haciendo que las cosas se vuelvan maníacas, pero sin exagerar, como muchos actores de la comedia primaria podrían sentirse tentados.

Así mismo, el reparto también es muy sólido, incluso si la mayoría de ellos están probablemente subutilizados; las mencionadas apariciones son agradables pero totalmente insustanciales. A excepción de Michael Sheen, quien aparece en algunas escenas efectivas como el muy exitoso amigo de Brad, Craig. Jenna Fischer tal vez se siente más desperdiciada como la esposa de Brad, Melanie; que aparece de manera intermitente, en su mayoría por teléfono, pero que rara vez le da a la audiencia un verdadero sentido de su personaje más allá del arquetipo de “esposa amable y cariñosa”.

En general, Brad’s Status es un paso familiar a los dolores del aburrimiento de mediana edad; donde un hombre tiene que aprender que la vida no es una competencia; y que tratar de vivir indirectamente a través de sus hijos es una idea horrible.

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Critica: Christopher Robin, El Bosque de los Cien Acres sigue como siempre

Christopher Robin

En esta nueva aventura de acción real, el niño que se embarcó en innumerables aventuras en el bosque de los Cien Acres con su banda de animales de peluche, ha crecido y… ha perdido el rumbo. Ahora les toca a sus amigos de la infancia aventurarse en nuestro mundo y ayudar a Christopher Robin a recordar al niño cariñoso y juguetón que aún tiene dentro.

Ficha Tecnica

  • Título: Christopher Robin
  • Título original: Christopher Robin
  • País: USA
  • Estreno en USA: 03/08/2018
  • Estreno en España: 05/10/2018
  • Productora: Walt Disney Pictures
  • Distribuidora: Buena Vista International Pictures
  • Distribuidora en España: Buena Vista International Spain
  • Director: Marc Forster
  • Guión: Alex Ross Perry, Allison Schroeder, Tom McCarthy
  • Reparto: Ewan McGregorHayley Atwell, Bronte Carmichael, Mark Gatiss, Toby Jones, Jim Cummings, Brad Garrett, Peter Capaldi, Sophie Okonedo, Tristan Sturrock, Adrian Scarborough, Katy Carmichael, Roger Ashton-Griffiths, Oliver Ford Davies, Nick Mohammed, Paul Chahidi
  • Calificación: Apta para todos los públicos
  • Recaudación mundial: 193,510,031 $
  • Recaudación España: 1.584.746 €

Christopher Robin

Christopher Robin ya no es un niño

Es realmente sorprendente el corazón que tiene esta enésima adaptación de Winnie The Pooh. Lejos de ser una actualización o una reinvención, el Bosque de los Cien Acres sigue como siempre. Somos nosotros, siempre hemos sido nosotros, los que hemos cambiado.

‘Christopher Robin’ juega con una idea muy jugosa que ya se ha apuntado otras veces: todos los niños crecen, y dejan sus juguetes. Los disfrutan, pasan con ellos mil aventuras, y los guardan en algún momento, como si fueran despedidos de su trabajo, con la “satisfacción” del deber cumplido. Entre Christopher Robin y Winnie The Pooh no iba a ser diferente, aunque la animación nos creara la mentira de que su historia iba a durar para siempre.

Pero al aportar fisicidad, peso, pelo y tangibilidad a los animales/peluches… se palpa una irresistible nostalgia por una era a punto de terminar, y hasta las canciones más tiernas saben mejor así. El último día en la mesa de almorzar del bosque transcurre tan divertido como siempre, solo que nadie se atreve a abordar el “heffalump” en la habitación, nadie se atreve a preguntar a Christopher Robin por qué se va.

Para él continúa el mismo cuento, solo que Pooh, Tigger, Piglet, Rito y compañía ya no estarán para compartirlo, y a Disney corresponde toda la valentía por no dejar fuera las secuelas de la guerra, ese primer momento en que comprendemos que no somos eternos, el lento devenir cotidiano hasta encontrar un hueco profesional en el que encajar, y el peso de una responsabilidad nunca buscada (“ahora eres el hombre de la casa”).

Christopher Robin

Si eres un fan de la caricatura la disfrutarás

Creemos que para poder disfrutarla, para lograr darle la nota que le hemos dado nosotros, es casi obligatorio haber pasado muchas horas en el Bosque de los Cien Acres. Podemos reconocer todas las melodías, trabajadas aquí de manera más sutil, sabemos de antemano lo temibles que pueden llegar a ser los Heffalumps y reconocemos las casitas de cada uno de los amigos de Winnie The Pooh, porque los conocemos muy bien.

Por tanto, lo que más nos ha gustado de Christopher Robin es la fidelidad a la apariencia y actitud de la serie de dibujos original, que a su vez se basa en los cuentos de A. A. Milne. Personajes como Conejo, tan egocéntrico y mandón como siempre. Búho no pierde ocasión de hablar de sus tiempos pasados, y Kangu y Rito forman un estupendo tándem madre e hijo. Tiger, por su parte, nos deja bien claro que los Tigers son de lo mejorcito que hay, y que nadie bota como ellos (incluso canta su cancioncita característica).

Piglet resulta casi demasiado adorable, con su tartamudeo, sus manitas agarradas y su miedo permanente: “oh, ci- ci- ci- cieloosss!” Pero creemos que los personajes que destacan por encima del resto son Pooh, por supuesto, e Igor. Pooh siempre tiene hambre y no pierde ocasión de hincarle el diente a un buen bote de miel, además de ilustrarnos con frases aparentemente absurdas que encierran bastante profundidad si se piensan dos veces.

Igor siempre ha sido el depresivo, el que lo ve todo desde un punto de vista negativo y conformista, y su manera de representarlo en esta hora y media nos encantó.

Christopher Robin

En conclusión…

El resto nos pareció predecible, casi con cierto ambiente a película de sobremesa. Si consigue salvarse es por el desparpajo y la naturalidad con la que Ewan McGregor sabe introducirse en este tipo de interpretaciones, y la buena factura técnica de los peluches. También nos gustó bastante el reparto de secundarios, que aunque tienen pocos minutos en pantalla, le dan peso a la cinta.

Así que bueno, realmente nos ha gustado por su fidelidad con las historias que veíamos de niños, pero el mensaje que pretende transmitir no nos parece del todo adecuado si está enfocada a un público infantil: “A veces no hacer nada termina convirtiéndose en el mejor de los algos”.

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Critica: Freaks, un buen thriller de ciencia ficción

Freaks

Dirigida por los cineastas noveles Zach Lipovsky y Adam Stein, ” Freaks ” es una película cuyas mayores virtudes son inseparables de sus limitaciones. Usando un pequeño puñado de lugares, un elenco pequeño (aunque uno que incluya a Bruce Dern), y algunos efectos digitales brillantemente aplicados, los dos directores y escritores logran alcanzar la mayoría de las marcas de un thriller de ciencia ficción de gran presupuesto sin casi ninguno de los recursos habituales.

” Freaks ” es una historia de una familia de marginados superpoderosos que se ven obligados a ocultar sus dones al resto de la humanidad, pero el atractivo de esta deriva en la narración. La diversión aquí no tiene nada que ver con la historia, y todo tiene que ver con la paciencia con la que los cineastas nos cuentan sus secretos. 

En otras palabras, “Freaks” es perfecta para los fans de “Westworld”, o cualquier otra persona que tiende a involucrarse con el entretenimiento que significa este género como si fuera un rompecabezas para resolver.

Freaks

Una pelicula desde la perspectiva de una sola persona

Anidado en un lío de metáforas amplias que no vale la pena el tiempo de desenredarlas, “Freaks”, en el fondo, es una pelicula sobre el crecimiento moral y psicologico que gira en torno a una idea que genera intriga. La película comienza dentro de una casa en ruinas; No sabemos dónde, y no sabemos cuándo. 

Las ventanas están cerradas con tablas, tal vez haya una docena de cerraduras en la puerta principal, y las habitaciones en el interior están inundadas con el tipo de aire acre y amarillo que se infiere en algún tipo de apocalipsis nuclear.

La película nos presenta a Chloe (Lexy Kolker), una niña brillante de siete años que nunca ha salido de alli. Todo lo que vemos, lo vemos desde la perspectiva de Chloe, lo que lo hace aún más inquietante cuando la vemos confiar totalmente en su padre despeinado y nervioso (Emile Hirsch).

Freaks

Qn la conduce a través de constantes simulacros de seguridad y advierte sobre los terribles peligros que le pueden ocurrir si sale alguna vez. “Tienes que ser buena ocultando cosas”, dice, acumulando armas y montones de dinero en una caja fuerte.

A pesar de los mejores esfuerzos de su padre, Chloe finalmente es atraída afuera por el dueño de un camión de helados, quien se llama a sí mismo el Sr. Snowcone. Después de un espeluznante de ida y vuelta en el que el Sr. Snowcone dice ser su abuelo y cuenta historias sobre su madre, a quien Chloe cree que está muerta, el le dice que está encarcelada en una montaña distante, Chloe se sube a su camioneta y realiza su primer viaje a la ciudad.

Sus fallos

El único problema es que es más fácil sentirse impresionado por el ingenio de la puesta en escena y la arquitectura del guión que mantener la inversión en los personajes. Por supuesto, nada de eso es culpa de la fantástica joven actriz a la que dirigieron: apareciendo en cada escena. 

Dern y Hirsch también hacen un trabajo sólido como las problemáticas figuras paternas de Chloe, alisando algunos de los tramos con más diálogos de la película. Y Grace Park aporta un destello inteligente de decencia a su papel, por lo demás antagónico, de trabajador social.

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Crítica Suspiria (2018) – Cuando el infierno se viste de cielo #Sitges2018

Primer día del festival de Sitges. Ya tenía ganas de volver a respirar ese ambiente único que desprenden las calles de la pequeña pero pintoresca localidad catalana durante el certamen. Y si el inicio del festival ya no fuera de por sí motivo de alegría, es Suspiria (2018), el remake de Luca Guadagnino, la encargada de dar el pistoletazo de salida. Llevo siguiendo la pista de este título desde que se hizo oficial su existencia, principalmente porque quería ver cómo el director de Call me by your name, una obra caracterizada por su realismo y naturalismo, reimaginaba la película de Dario Argento, cuya singularidad es el artificio y la exageración. La curiosidad por ver cómo dos mundos totalmente opuestos colapsaban me comía por dentro, y más aún cuando la película estaba consiguiendo dividir a la crítica por completo.

Ahora, después de verla, puedo garantizar que de este choque de universos ha surgido algo que difícilmente te dejará indiferente.

¿Esto es un remake?

No, esto no es un remake. Lo único que tienen en común las dos versiones de Suspiria es su premisa más básica, que ambas suceden en una academia de baile y que un aquelarre de brujas está haciendo de las suyas por ahí. Y nada más. Veía necesario empezar aclarando este punto porque creo que crear una comparación entre ambas es prácticamente inútil. Guadagnino toma prestada la base de Argento para reinventar el relato, añadiéndole unas intenciones totalmente distintas a las de la cinta original. Pero quitando eso, ni siquiera parece que la primera influencie a la segunda.

Suspiria (2018): Guadagino ha creado una pesadilla

La nueva Suspiria no tiene ningún miedo de arriesgar. Toda la película está plagada de pequeños intentos de Guadagnino por crear una nueva forma de concebir el terror, mucho más compleja y sofisticada que a la que estamos acostumbrados a ver en las salas comerciales. Suspiria es un soplo de aire fresco para un género que ha hecho muchos esfuerzos en vano por evolucionar a algo más sofisticado que el sobresalto fácil. El director italiano fusiona su estilo pausado y estricto de componer las imágenes con otros estilos preexistentes del género como el body horror o el onirismo lynchiano, creando una forma de terror increiblemente efectiva. Suspiria no asusta, perturba. Te genera un malestar casi permanente que un servidor no sentía desde El Resplandor de Stanley Kubrick. Y es que ambas consiguen coger el cielo y convertirlo en el infierno.

Narrativamente, la versión de Guadagnino es muy superior a la de Argento. Mientras la Suspiria original nos presenta una trama más bien básica que simplemente se adorna con una puesta en escena muy original y efectiva; la nueva cinta busca crear un relato mucho más complejo y asfixiante, lo cuál consigue, pero no del todo. La trama sabe cómo avanzar, creando giros inesperados y situaciones deliciosamente perversas (de verdad, muy perversas), pero Guadagnino no sabe cómo medir los tiempos. El director parece querer adaptar a Suspiria ese ritmo pausado y contemplativo que tan bien le funcionó en Call me by your name, pero en esta ocasión no ha sonado la campana.

Una atmósfera asfixiante

La excesiva lentitud de los acontecimientos provoca que esa asfixia que algunas escenas te generan desaparezca progresivamente y se convierta, incluso, en aburrimiento. Creo que un ritmo más rápido hubiera hecho que la película fuera mucho más efectiva. Y puestos a hablar de lo malo, tenemos que hablar del final, el cual, a causa de este afán de Guadagnino por innovar, desentona demasiado del resto de la cinta.

Mención especial a la banda sonora de la película. Después de toda la polémica que desataron las canciones que Thom Yorke compuso para Guadagnino, tengo que salir a defenderle. La música parece acompañar a la perfección el tono misterioso y onírico que presenta la cinta. En una película donde lo melódico tiene tanta importancia; el componente de Radiohead ha sabido estar más que a la altura. Puestos a hacer menciones, hay que alabar todas y cada una de las actuaciones, en especial la de la siempre maravillosa Tilda Swinton y la de Dakota Johnson que, aún no ser santa de mi devoción, resulta más que convincente (y sí, es una bailarina sensacional). Ah, y que nadie le pierda la pista a Mia Goth, la cual hace un papelón y va camino de convertirse en una figura fundamental del género.

Como véis, muy poco malo que decir de Suspiria (2018). Es cierto que tiene sus errores y que los curiosos experimentos de Guadagnino no siempre salen bien; pero creo que siempre es digno de admirar ver como un director intenta innovar con un género tan complejo como es el terror; más siendo su primer contacto con este. Espero grandes cosas de ti, Guadagnino. No me decepciones. Y siendo directo, sí. Esta es la película de terror del año.

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