Crítica: The tale. Aprendiendo a vivir con un tortuoso pasado

Es triste que hoy día tengamos que ver películas como esta sobre todo si son basadas en hechos reales. Pero como no se puede tapar el sol con un dedo. Hay que aplaudir a los cineastas que aprovechando su posición abren debates sobre temas tan escabrosos que de otro modo jamás generarán conversación. En el caso de The Tale la directora, Jennifer Fox, hasta el momento conocida por sus trabajos como documentalista, firma su primer trabajo de ficción, en el que aprovecha de contar su verdad.

Fox estuvo un largo tiempo intentando sacar adelante este proyecto que por la historia en sí le cerró muchas puertas. Pero una vez que se estrenó en el Festival de Sundance, no ha dejado de recibir ovaciones. HBO adquirió los derechos (y ya se puede ver, desde el mes de mayo, en HBO España) y actualmente suena como una de las producciones favoritas para conquistar la venidera ceremonia de los premios Emmy.

La percepción de la verdad

The Tale inicia con una escena de Jennifer (Laura Dern) documentando una calle rural. Basta un par de secuencias para dejarnos claro que ella tiene una buena vida. Tiene un buen trabajo, una pareja que la quiere y una madre que se preocupa por ella. En efecto, la mamá de Jennifer (una maravillosa Ellen Burstyn) entra en pánico cuando consigue un cuento que su hija escribió cuando tenía trece años donde narra -lo que ella pensó fue- una historia de amor con un hombre de cuarenta años.

Jennifer le resta importancia porque su memoria ha normalizado los hechos. Ella no se recuerda tan joven ni lo piensa a él tan mayor. La directora, quien obviamente también escribe, crea una variable de libre interpretación. Es indiscutible que ella, Jennifer, ha modificado y parcialmente borrado la historia pero por qué. ¿Después de todo ha sido una experiencia traumática que su cerebro ha decidido eliminarla o simplemente fue tan inocente que nunca se percató de las intenciones de aquel hombre? Mientras Jennifer intenta descubrir qué sucedió realmente, permite que el espectador vaya sacando propias conjeturas.

En busca de recuerdos

Aunque su pareja no cree que sea buena idea, sabiendo que puede ser traumático para ella, Jennifer se dispone a averiguar que sucedió realmente. Una vez que comienza a recapitular el cuento que ella misma escribió, Jennifer sigue sin comprender las anomalías de la historia. Con una línea de flashbacks vemos a una Jennifer adolescente asistiendo a una casa de campo para tomar clases de equitación impartidas por la Sra. G (Elizabeth Debicki) (“la mujer más bella que había conocido”) y el entrenador Bill (Jason Ritter). Jennifer los recuerda perfectamente, incluyendo una imagen de si misma. Pero una vez que se reúne con otras mujeres que treinta años atrás asistieron con ella a las clases, se da cuenta que sus propios recuerdos la han traicionado.

La Sra. G y Bill siguen fieles a sus recuerdos pero ella es mucho más pequeña (físicamente) que la imagen que conservaba. Con esto Fox hace alusión a esa etapa adolescente que todos alguna vez atravesamos donde, por el simple hecho de estar creciendo, ya nos creemos adultos. Vemos un reflejo más grande de lo que somos realmente. Y en parte es normal que Jennifer se recuerde cómo una mujer joven cuando comenzaba a dormir fuera de casa en verano, cuando comenzaba a hacer amigos, cuando comenzaba a sentirse amada.

Un pasado tortuoso

Una vez que Jennifer consigue los recuerdos reales, todo se vuelve más claro y con ello los flashbacks más recurrentes. La narración no es más que la lectura de aquel cuento que va haciendo Jennifer para sí misma. Pero no es la única vez que las dos versiones del personaje colisionan. Jennifer, en un guiño a su propio trabajo, recurre a escenas que parecen fragmentos de documentales. Su voz (bueno, en este caso la de Laura Dern) interviene en diferentes partes del relato. Ella se cuestiona y cuestiona a otros personajes tras sus acciones. Tal vez estas escenas sean referencias de las preguntas que alguna vez deseó hacer o de las que nunca recibió respuesta.

Esas escenas son el enlace perfecto entre las dos líneas temporales que maneja el guión. Consiguiendo una transición limpia entre el presente y el pasado, estableciendo los diferentes conflictos. Por una parte Jennifer se rehúsa a eriquetarse como víctima (y en ningún momento lo hace) aun sabiendo que, en efecto, alguien abusó de ella.

El rostro del dolor

Mientras vamos siendo testigos de como dos adultos se aprovecharon de la situación emocional de una niña (proveniente de un hogar disfuncional). Formando una relación que, a pesar de justificar todo con amor, era, desde luego patológica.

Y es allí donde Fox lleva al límite la similitud de la película con un documental y procura ser lo más realista posible. Jennifer tiene recuerdos de cómo sucedieron las cosas pero esas memorias ahora parecen mentiras. Ella sabe que las cosas fueron peor y son los hechos lo que lo evidencian. Vemos a una Jennifer indefensa tener relaciones con Bill, que una vez más promete algo que hasta ahora Jennifer no conocía: amor.

La película tras dos primeras partes descorazonadas tiene un final brillante (de hecho dos) que enciende alarmas. Primero, Jennifer, ya sabiendo que algo no estaba bien, cuenta su historia para ver como su profesora, aplaudiendo con las orejas por “el buen trabajo” decide mirar a otro lado pretendiendo que un cuento sobre una relación tóxica ha nacido de la imaginación de una niña. Segundo, Jennifer, decide enfrentar a su abusador treinta años después; porque nunca es tarde para hacer frente a la verdad y hacer justicia.

Una directora inspirada

Jennifer Fox ha conseguido un trabajo de dirección sublime. Beneficiándose de recursos dignos del género documental para incrustar realismo a su relato. Así mismo, sabiendo que en una historia de este calibre, no hay tintes medios. Ha optado por escenas difíciles de digerir (con utilización de dobles de cuerpo, obviamente) que pueden espantar a más de uno.

El minúsculo presupuesto con el que contó la directora se nota, ya que es una producción libre de pretensiones; sin embargo, contó con una estrella como Laura Dern que está incontestable como la misma Jennifer. Pero es lo pequeña Isabelle Nélisse, en la versión joven del personaje, la gran revelación.

The Tale es una película necesaria que nos recuerda porque el cine es tan maravilloso. Por un lado, nos puede hacer volar con las historias más fantásticas y por otro nos llaman a Tierra con historias desgarradoras. Necesitan ser contadas para concienciar a una sociedad, a veces, excesivamente indolente.

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