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Crítica Tomb Raider (2018) – Lara Croft salva los films de videojuegos

Tomb Raider Warner Bros Roar Uthaug

Tomb Raider (2018) lo ha conseguido, ha roto la maldición. Durante años, Hollywood ha establecido una serie de dudosos mantras en el colectivo popular. Conjeturas que argumentan que una película no es exitosa si su heroína es femenina. O que terceras partes no son buenas. Tuvieron que llegar la Tomb Raider de Angelina Jolie, Wonder Woman, Toy Story 3 para dar una lección de humildad al stablishment.
Porque la cuestión no es la temática que estás adaptando, sino la visión con la que la abordas.

Una temática como puede ser “Batman” pueden dar resultados tan dispares como El Caballero Oscuro de Nolan o Batman y Robin de Schumacher. Las adaptaciones de videojuegos al cine ha sido una asignatura pendiente en Hollywood. Super Mario Bros, Street Fighter, Doom, Resident Evil o Far Cry han puesto de manifiesto una maldición en los films basados en videojuegos. Lo que pasa es que no existe una maldición per se, sino una ineptitud en sus realizadores que no han sabido capturar el espíritu de las obras que adaptaban. Los videojuegos son un medio que tiene una ligera ventaja frente al cine porque permite una inmersión por parte del jugador. Nosotros somos el protagonista, nuestras decisiones se ven reflejadas en ese mundo. Ya no es una cuestión de ser fiel a la fuente original sino de transmitir las mismas emociones y estímulos mediante un lenguaje cinematográfico.

“Lara Croft resolviendo un antiguo galimatías: ¿Quién demonios financió las adaptaciones de Uwe Boll? “

Tomb Raider es consciente de la naturaleza de si misma. Da lo que ofrece: un correcto entretenimiento ameno. Es precisamente esta cualidad una de las mayores virtudes del film, ser una película de aventuras de toda la vida.

Una Lara Croft cercana y humana

La premisa de la historia se basa en la trama del videojuego de 2013 distribuido por Square Enix. En este juego la saga se reiniciaba para dar un enfoque más maduro y humano al personaje de Lara Croft. La historia situaba a una joven e inexperta Lara Croft que viajaba a la misteriosa isla de  Yamatai para convertirse en toda una aventurera y superviviente. Se quedaban atrás aquellos sexualizados polígonos de la era Matrix. Lara Croft ya no era una tía dura que mataba a sangre fría ni se proyectaba tan idílica como irreal.  Lara Croft se presentaba humana y tangible. Con sus fallos, defectos, emociones pero con la misma tenacidad y fortaleza que siempre han caracterizado a su personaje.

La película adapta fielmente la historia del juego pero variando ciertos elementos como personajes o lugares para agilizar la trama.  Warcraft y Assasin’s Creed pese a su mediocridad tuvieron el gran acierto de recrear la estética de las obras que se basaban. Tomb Raider ha aprendido de esto y es una película que a nivel visual captura imágenes que parecen extraídas del juego de 2013.

Roar Uthaug (La ola), dirige de manera correcta pero poco creativa, aunque cumple con acierto sobretodo a la hora de mostrar escenas de acción. Tom Holkenborg, conocido como Junkie XL, realiza la banda sonora. La música es un buen acompañante de la acción pero suena algo genérica. Aunque la fuerza de estas escenas se debe a la tensión que transmite su protagonista: Alicia Vikander

Alicia Vikander patea traseros y es glorioso de ver

Tomb Raider es Lara Croft y por ende Alicia Vikander es Tomb Raider. La actriz es el pilar fundamental de esta película. Los momentos de total inmersión son gracias a ella. Nuestra heroína ríe, llora, sufre, teme y pelea para brindarnos los mejores momentos del film. La actriz tiene muy buena química tanto con Daniel Wu (Warcraft) como con Dominic West (The Affair). Nick Frost también se apunta algún que otro momento jocoso aunque no es de sus mejores papeles. Otra aparición breve es la de Kristin Scott Thomas, cuyo personaje resulta un misterio pero parece que tendrá mucho que decir de cara a futuras entregas.

Los personajes secundarios muestran simpatía pese a estar algo desaprovechados y soltar trillados diálogos. Aunque lo más trillado del film resulta la poca motivación de su soso villano interpretado por Walton Goggins (Ant-Man y la Avispa), anodino y poco convincente.

Tomb Raider (2018) Una carta de amor al jugador

Es recalcable tanto el trabajo de Vikander como de sus especialistas. Nos brindan escenas de acción físicas muy resultonas, ya sean peleas, saltos o escaladas. Este apartado es muy llamativo de cara a los fans del juego. La inmersión es tal que ciertas escenas parecen “quick time events“. La película homenajea los elementos del juego. Están, entre otros, el piolet, el arco o los puzzles. Incluso Uthaug se permite mostrarnos a Lara corriendo de espaldas a la audiencia, una clara referencia a la vista en tercera persona, para recordarnos la experiencia del jugador.

“(X) para saltar, (O) para esquivar, (R2) para usar la suspensión de la incredulidad”

El resultado de todo esto da una cinta de aventuras fácil de digerir. Un film rutinario sin pretensiones, cuyo gran atractivo es la personalidad de su heroína. Tomb Raider es un buen ejemplo de que se puede hacer una adaptación fiel de un videojuego y a la vez un bienintencionado y correcto film. La solvencia del conjunto y el carisma de Alicia Vikander merecen tener continuidad de cara a una posible secuela. Ideal para los fans del juego y de la acción palomitera.

¿Que os ha parecido Tomb Raider? ¿Deseáis ver más videojuegos en la gran pantalla?Dejadnos vuestra opinión. Estad atentos a más reseñas de traca, como siempre en La Sexta Butaca.

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Crítica Suspiria (2018) – Cuando el infierno se viste de cielo #Sitges2018

Primer día del festival de Sitges. Ya tenía ganas de volver a respirar ese ambiente único que desprenden las calles de la pequeña pero pintoresca localidad catalana durante el certamen. Y si el inicio del festival ya no fuera de por sí motivo de alegría, es Suspiria (2018), el remake de Luca Guadagnino, la encargada de dar el pistoletazo de salida. Llevo siguiendo la pista de este título desde que se hizo oficial su existencia, principalmente porque quería ver cómo el director de Call me by your name, una obra caracterizada por su realismo y naturalismo, reimaginaba la película de Dario Argento, cuya singularidad es el artificio y la exageración. La curiosidad por ver cómo dos mundos totalmente opuestos colapsaban me comía por dentro, y más aún cuando la película estaba consiguiendo dividir a la crítica por completo.

Ahora, después de verla, puedo garantizar que de este choque de universos ha surgido algo que difícilmente te dejará indiferente.

¿Esto es un remake?

No, esto no es un remake. Lo único que tienen en común las dos versiones de Suspiria es su premisa más básica, que ambas suceden en una academia de baile y que un aquelarre de brujas está haciendo de las suyas por ahí. Y nada más. Veía necesario empezar aclarando este punto porque creo que crear una comparación entre ambas es prácticamente inútil. Guadagnino toma prestada la base de Argento para reinventar el relato, añadiéndole unas intenciones totalmente distintas a las de la cinta original. Pero quitando eso, ni siquiera parece que la primera influencie a la segunda.

Suspiria (2018): Guadagino ha creado una pesadilla

La nueva Suspiria no tiene ningún miedo de arriesgar. Toda la película está plagada de pequeños intentos de Guadagnino por crear una nueva forma de concebir el terror, mucho más compleja y sofisticada que a la que estamos acostumbrados a ver en las salas comerciales. Suspiria es un soplo de aire fresco para un género que ha hecho muchos esfuerzos en vano por evolucionar a algo más sofisticado que el sobresalto fácil. El director italiano fusiona su estilo pausado y estricto de componer las imágenes con otros estilos preexistentes del género como el body horror o el onirismo lynchiano, creando una forma de terror increiblemente efectiva. Suspiria no asusta, perturba. Te genera un malestar casi permanente que un servidor no sentía desde El Resplandor de Stanley Kubrick. Y es que ambas consiguen coger el cielo y convertirlo en el infierno.

Narrativamente, la versión de Guadagnino es muy superior a la de Argento. Mientras la Suspiria original nos presenta una trama más bien básica que simplemente se adorna con una puesta en escena muy original y efectiva; la nueva cinta busca crear un relato mucho más complejo y asfixiante, lo cuál consigue, pero no del todo. La trama sabe cómo avanzar, creando giros inesperados y situaciones deliciosamente perversas (de verdad, muy perversas), pero Guadagnino no sabe cómo medir los tiempos. El director parece querer adaptar a Suspiria ese ritmo pausado y contemplativo que tan bien le funcionó en Call me by your name, pero en esta ocasión no ha sonado la campana.

Una atmósfera asfixiante

La excesiva lentitud de los acontecimientos provoca que esa asfixia que algunas escenas te generan desaparezca progresivamente y se convierta, incluso, en aburrimiento. Creo que un ritmo más rápido hubiera hecho que la película fuera mucho más efectiva. Y puestos a hablar de lo malo, tenemos que hablar del final, el cual, a causa de este afán de Guadagnino por innovar, desentona demasiado del resto de la cinta.

Mención especial a la banda sonora de la película. Después de toda la polémica que desataron las canciones que Thom Yorke compuso para Guadagnino, tengo que salir a defenderle. La música parece acompañar a la perfección el tono misterioso y onírico que presenta la cinta. En una película donde lo melódico tiene tanta importancia; el componente de Radiohead ha sabido estar más que a la altura. Puestos a hacer menciones, hay que alabar todas y cada una de las actuaciones, en especial la de la siempre maravillosa Tilda Swinton y la de Dakota Johnson que, aún no ser santa de mi devoción, resulta más que convincente (y sí, es una bailarina sensacional). Ah, y que nadie le pierda la pista a Mia Goth, la cual hace un papelón y va camino de convertirse en una figura fundamental del género.

Como véis, muy poco malo que decir de Suspiria (2018). Es cierto que tiene sus errores y que los curiosos experimentos de Guadagnino no siempre salen bien; pero creo que siempre es digno de admirar ver como un director intenta innovar con un género tan complejo como es el terror; más siendo su primer contacto con este. Espero grandes cosas de ti, Guadagnino. No me decepciones. Y siendo directo, sí. Esta es la película de terror del año.

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Crítica: 7 días en Entebbe, el debate entre lo que está bien y lo que es correcto

El director brasileño José Padilha no es ajeno al género de acción; es conocido por la serie Elite Squad y la nueva versión de RoboCop. Esta vez, Padilha dirige 7 días en Entebbe, producida por Working Title Films, y escrita por Gregory Burke (’71); basada en los eventos de la vida real que tuvieron lugar en julio de 1976, cuando un grupo de revolucionarios secuestró un vuelo de Air France. Con 250 pasajeros en ruta desde Tel Aviv a París. Los secuestradores dejaron el avión en Entebbe, Uganda, donde mantuvieron cautivos a los rehenes durante una semana. La película muestra la “Operación Entebbe” de la vida real; una misión antiterrorista de rescate de rehenes lanzada por el Primer Ministro Yitzhak Rabin, y llevada a cabo por la Fuerza de Defensa israelí. La película está disponible en diversas plataformas y nosotros hablamos de ella.

7 días en Entebbe, otra vez

El secuestro de Entebbe se ha contado varias veces; en las películas Raid on Entebbe y Operation Thunderbolt, por ejemplo. El último rey de Escocia, también contiene el suceso como una trama secundaria. Padilha toma un enfoque diferente; 7 Days in Entebbe nos ofrece una narrativa “desde dentro” enfocada específicamente en dos revolucionarios alemanes. Uno, un poco tímido, Wilfried (Daniel Bruhl) y la otra, una nerviosa, pero intrépido, Brigitte (Rosamund Pike). Wilfried y Brigitte son solo dos miembros del grupo secuestrador formado por pro palestinos. Los dos alemanes parecen estar fuera de lugar en un grupo que tiene ideas contrastantes de lo que es un “revolucionario”.

El atractivo de los personajes (y las interpretaciones)

Sin embargo, Bruhl y Pike aprovechan al máximo sus personajes. Hay momentos en los que te sientes mal por ellos; incluso más que los propios rehenes. El arrepentimiento y el pánico que los supera a medida que se acercan los siete días hacen que quieras creer que lo que están haciendo es bueno, de esa forma abre un debate entre el público: es correcto o está bien lo que han hecho. Bruhl, en particular, hace un gran trabajo al transmitir creíblemente la angustia que este hombre siente al tener que equilibrar sus convicciones y su humanitarismo, agregando profundidad de carácter que de alguna manera falta en el guión de Gregory Burke.

Recibimos flashbacks del pasado del dúo en un intento por subrayar su motivación y proporcionar contexto, pero estos saltos en el tiempo retrasan la historia a un ritmo lento. En otra parte, hay un argumento secundario que involucra a un soldado israelí (Ben Schnetzer) y la interpretación interpretativa de su novia (Zina Zinchenko) que nunca se explica.

Agregando a la mezcla de personajes complejos están el Primer Ministro, Rabin (Lior Ashkenazi), y su ministro de defensa, Shimon (Eddie Marsan). Rabin quiere negociar con los terroristas, algo que los israelíes insisten en que nunca se debe hacer; mientras que Shimon quiere hacerse cargo de un plan de rescate audaz. Luego está el presidente ugandés Idi Amin (Nonso Anozie), que felizmente recibe a los terroristas y les suministra tropas y armas. Idi Amin fue un dictador brutal de su tiempo, sin embargo, esta película retrata un lado algo nervioso y débil de él.

Lo mejor para el final

Como cualquiera que esté familiarizado con los eventos de la vida real lo sabrá; explotará con el infame ataque de las fuerzas especiales israelíes en el aeropuerto. Es aquí donde el director José Padilha muestra sus habilidades principales como cineasta; brindando la misma sensación de asombro y asombro que mostró por primera vez en ambas películas de Elite Squad (y en menor medida en el remake de Robocop). Secuencia importantísima. La redada no dura mucho, pero proporciona un signo de exclamación apasionante a una película que intenta admirablemente contar un evento histórico importante y complejo en el contexto de un thriller accesible.

Aunque hay demasiadas cosas que hacer para que lo maneje; la película involucra y es lo suficientemente provocativa por derecho propio para atraer la atención.

7 días en Entebbe es una película bien hecha, aunque está lejos de ser cautivadora. Es un duro recordatorio de que la paz entre Israel y Palestina sigue siendo una cosa de décadas que lamentablemente no parece tener ánimos de acabar.

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Critica: Venom, Una película valida para dar inicio a un Universo Cinematográfico

Venom

No es lo que esperábamos, para bien o para mal. Durante días hemos estado recibiendo información diferente sobre lo que íbamos a encontrar en Venom, la película protagonizada por Tom Hardy y dirigida por Ruben Fleischer. Algunos dijeron que sería la peor película del año (alimentados por las palabras de Tom Hardy). No es la peor película del año, ni la mejor.

Es una mezcla de ideas brillantes y otras no tanto, se nota una implicación de parte de los involucrados y amor por los cómics, pero con necesidades de ser un éxito en taquilla, por eso su clasificación es PG-13 para todos los públicos.

Debido a que la película no tiene la categoría R, la audiencia será más numerosa (es una realidad, llevan ya más de 200 millones de dólares en taquilla), pero también veremos menos sangre en la pantalla. Y el personaje de Venom necesitaba esa sangre para hacer la película que los fanáticos han estado exigiendo durante años.

Venom, un origen diferente al de los comics

Venom

La historia es bastante genérica. Es una película sobre el origen del personaje, un antihéroe violento con una obsesión por proteger a los inocentes. Y muy vinculado a Spiderman en los cómics, porque el simbionte estaba vinculado a Peter Parker antes que Eddie Brock, el personaje interpretado por Tom Hardy.

La película esquiva esa bala, dando un origen más cercano a la serie de animación de los años noventa, y permite que el personaje sea libre para crear su propio destino sin vivir en espera de lo que haga o no haga Spiderman. Es una de las mejores cosas de la película.

Pero Venom también tiene errores que dañan el resultado final. Algunos están cometiendo errores que parecen incomprensibles, como Michelle Williams. Aunque no lo parezca, la actriz es la que sale peor parada del reparto. Williams ha sido nominada cinco veces para el Oscar, por lo que no parece lógico, pero es cierto.

Riz Ahmed, un villano siniestro

Venom

Riz Ahmed compone un villano tópico, pero con un punto siniestro. El enemigo principal de Venom en la trama, Carlton Drake interpretado por Riz Ahmed, carece de profundidad, su motivación no es creíble, y peor aún, luego que se transforma en Riot tampoco profundizan en cómo se integra el objetivo del simbionte de invadir la tierra y acabar con la humanidad con la visión de Drake de evolucionar en una raza superior de humano para explorar el espacio.

La estrella, por supuesto, es Tom Hardy. Su personaje perdedor y su combinación con Venom son el alma de la película. Respeta completamente la esencia del cómic, pero también agrega un punto de humor negro muy divertido. Solo para ver cómo Venom y Eddie discuten, como una extraña pareja, vale la pena ver la película. Y, por cierto, Venom no aparece solo cinco minutos en pantalla. Es el centro de la historia y podemos disfrutarla durante muchos minutos.

Impresiones finales

Venom no es perfecta, pero es muy entretenida. Si, sus efectos visuales son magníficos, pero también lo es su humor negro. Si sus escenas de acción abusan del CGI, su tono de serie B no nos preocupa en absoluto. La película despega tan pronto como el simbionte hace acto de presencia, y su ritmo continúa creciendo hasta el final, quizás no sea un gran final, pero muy agradable.

También hay dos escenas post-crédito, la primera esencial (y nos hace preguntarnos si podrán hacer esa película en el futuro) y la segunda… bueno, es mejor dejar que la audiencia lo descubra. Estoy seguro de que, a pesar de lo que muchos dicen, Venom se convertirá en una película de culto, y no puedo dejar de pensar en la posible continuación, con todas las posibilidades que ofrece la historia que han presentado ahora.

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