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Crítica Kingsman: El Círculo de Oro – Los Modales hacen al Hombre

Kingsman

Los modales hacen al hombre (o como en VO se dice, Manners maketh man). ¿Os suena esta frase? Al oírla a muchos de nosotros se nos escapa una sonrisa. ¿Por qué? Porque significa que los espías que nos sorprendieron han vuelto. El pasado 22 de septiembre se estrenó en los cines de todo el mundo la secuela de la exitosa película Kingsman: Servicio Secreto, una película de acción/comedia de espías, basada en la obra de Mark Millar y Dave Gibbons. Matthew Vaughn, director también de Kick-Ass y de X-Men, nos presenta Kingsman: El Círculo de Oro. 

En esta crítica hablaremos un poco sobre la película, tanto individualmente como en comparación con su INCREÍBLE primera entrega. Así que poneos cómodos, con una buena taza de earl grey y empecemos.

La comedia exagerada hecha marca

Cuando salió el tráiler de la primera entrega de Kingsman, todos nos preguntamos qué era exactamente lo que Matthew Vaughn quería vendernos. Una película sobre espías ingleses. De esto, casi no se han hecho películas, ¿verdad? Con el prejuicio de que sería un intento de James Bond, en 2015 se estrenó Kingsman: Servicio Secreto. Y al verla, cuál fue nuestra sorpresa al descubrir que, era buena. Y así fue como esta película sorprendió al público con su humor exagerado. Esta comedia sobre cómo una súper organización secreta de espionaje a nivel mundial, con una tienda de trajes ingleses de tapadera, recluta a un chico de un barrio marginal de Londres nos encantó a todos.

Kingsman

La historia de la película es la siguiente: Kingsman, organización de espías inglesa. Llena de gentlemen y todos se llaman como caballeros de la mesa redonda. Esta organización, por encima de todo gobierno, resuelve crisis varias pero siempre en el anonimato. Un día en una misión uno de ellos cae y, al parecer siempre tiene que haber el mismo número de agentes Kingsman. Así que, como si un reality show se tratara, cada agente trae su candidato y empiezan “los juegos del hambre”, hasta que al final solo quede uno y ese sea el futuro agente. Gary “Eggsy” Unwin (Taron Egerton) es el chico reclutado por Harry Hart, alias Galahad (Colin Firth). Paralelamente, Richmond Valentine, millonario filántropo y un poco psicópata, intenta llevar a cabo sus malvados planes.

Con un reparto de lujo (Colin Firth de mentor y Samuel L. Jackson de villano, espectacular, entre otros) y una nueva promesa (Taron Egerton), Kingsman se alzó como una película divertida y con unas escenas de acción fantásticas, juega con la comparación con James Bond con guiños constantes a la saga. De hecho, tenemos también un Q, al que aquí llamaremos Merlín (Mark Strong) y un M, Arthur o Chester King referencias por doquier (interpretado por el gran Michael Caine).

Bienvenido al Círculo de Oro Kingsman

2017. Estreno de la nueva película de Kingsman, llamada El Círculo de Oro. La nueva película se emplaza un año después de los sucesos de la primera. A partir de ahora habrá spoilers de la primera película. Supongo que si estás leyendo una crítica de una secuela, habrás visto la primera. Pero, por si acaso, Spoiler Alert. 

Kingsman

Tras la muerte de su mentor, Harry Hart, Eggsy se convierte en el nuevo Galahad y sirve como agente Kingsman. Un día, el cuartel general de los Kingsman y todos los otros edificios en los cuales se encuentran agentes por todo Reino Unido son bombardeados. Eggsy y Merlín se trasladarán a Estados Unidos, Kentucky para ser exactos, a pedir ayuda a sus primos americanos, los Stateman. Junto con ellos, vencerán a una organización criminal encabezada por Poppy (Julianne Moore, no la del LOL), reina del narcotráfico con diversos problemas mentales. En esta entrega, a los habituales se les une nuestros queridos Stateman Channing Tatum, Pedro Pascal, Halle Berry, Jeff Bridges y Juliane Moore como mi villana favorita.

Los fichajes de esta película son excelentes. Los roles “James Bond película” vuelven a estar asignados, con Halle Berry como Q y Jeff Bridges como M y la parodia de Julianne Moore como villana está al nivel de la parodia de Samuel L. Jackson. De hecho, Poppy provoca una mezcla de fastidio/miedo digna de una película de Kingsman.

Statesman y Kingsman unidos a ritmo de country

Si la primera entrega se caracterizaba por los clichés ingleses, en esta ocasión se enfrentarán con los americanos. De hecho, hemos dicho antes que los nombres en clave de los Kingsman eran caballeros de la Mesa Redonda, ¿no? Pues ahora son nombres de bebidas alcohólicas. Maravilloso, ¿verdad? Pero, tal como sucedía en la primera entrega, no resultan pesados. Son parte de la película y resultan divertidos. Con un humor menos cínico y más gamberro que la primera, esta segunda entrega consigue entretener y divertir.

Nada más empezar la película, la acción empieza sin parar. No te deja descansar en ningún momento. Y si tenemos que hablar de las escenas de acción… ¡Menudas escenas! Aquellas que caracterizaban a la primera (con su momento cumbre en la escena de la iglesia) vuelven a ser espectaculares. Pero, pasados estos dos años, los efectos han mejorado, haciendo de las peleas que salen en la película, las más entretenidas de la película. El uso del slow-motion durante el filme nos ayudan tanto a visualizar mejor los enfrentamientos como a valorar las “armas” que utilizan, como el lazo de vaquero o el reloj capaz de hackear cualquier terminal (como en Watchdogs, pero bien). La escena de la pelea final, es maravillosa. Si no la habéis visto aún, recordad mis palabras.

A diferencia de la primera, esta se caracteriza por un caos constante, siendo las escenas en las que los personajes están “tranquilos” en lo mínimo posible. En Kingsman: El Círculo de Oro, vemos cómo Eggsy ha madurado. Ahora es un agente Kingsman, no un aspirante al puesto y este hecho se nota durante toda la película. Sin la ayuda de su mentor, ha tenido que crecer rápido. Además en esta película veremos cómo sus dos mundos chocan, su vida profesional y su vida personal, mundos que ha intentado mantener separados pero que están destinados a coexistir en un solo plano.

Kingsman

Durante toda la película se hacen referencias continuas a la primera película y además, hay reencuentros memorables en esta segunda entrega. Todos estos guiños a Kingsman: Servicio Secreto se suman a que durante toda la película te hacen un resumen de la primera entrega, haciendo que prácticamente no tengas que revisionar la anterior para ponerte al día antes de ver la segunda, Tanto los guiños como este resumen muestran un profundo respeto por la película de 2015. Pero algo que dejan de hacer es chistes sobre que “no es esa clase de película” haciendo referencia a que no es otra película de James Bond. Parece ser que al final lo hemos entendido. Pero, eso sí, que el Martini no falte. 

Y, como siempre, me gustaría hacer una mención especial a la banda sonora. En esta película es genial, con gran cantidad de country, divertida y encaja a la perfección con la cantidad de escenas de acción que hay. Una opinión personal se cuela en la crítica: me gustó mucho más esta banda sonora que la de la primera. En especial la canción de Word Up! de The BossHoss (una versión de la famosa canción de Cameo) que da ritmo a la batalla final. Y la versión de Mark Strong de Take me home, country roads, por favor que salga en Spotify ya. Parece que últimamente las películas están llenas de temazos, Y eso está MUY bien.

El otro lado del Círculo

Esta segunda entrega resulta menos “redonda” que la primera por varios motivos. Argumentalmente la primera tenía más sentido. También tenemos que tener en cuenta que tenía una serie de cómics en la que basarse. En el círculo de oro prefieren la acción y la adrenalina. No es una opción incorrecta, no me juzguéis mal, pero la primera quedaba más ligada que esta última entrega. A los amantes de la acción les gustará más así. Lo que sí encuentro que podría haberse mejorado es el giro final de la película, que se veía venir de lejos.

Kingsman: The Golden Circle ha sufrido el síndrome que ya padeció Spider-Man: Homecoming y que le está sucediendo a Justice League: Enseñar demasiado en su publicidad y sus trailers. Si bien es cierto que hay detalles que saberlos hacen que nos suba el hype por momentos, hay otros que deberían quedar en la intimidad del cine y descubrirlos en el momento en el que se ve la película por primera vez.

Como último mencionar que, como en la primera teníamos la participación de Mark Hamill como invitado estrella, en esta segunda entrega también tenemos a otro famoso. No voy a mencionar qué famoso en cuestión por evitar spoilers innecesarios pero, personalmente salí con la sensación de que podrían habérselo ahorrado.

Kingsman

Así que, como resumen: Kingsman: The Golden Circle resulta una secuela digna para una increíble primera parte. Sin duda, tenemos ganas de leer Kingsman: The Red Diamond, los nuevos cómics y estaremos pendientes de nuevas entregas cinematográficas de la saga. Como siempre, gracias por entrar en La Sexta Butaca y permaneced atentos a nuestras novedades.

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Crítica Suspiria (2018) – Cuando el infierno se viste de cielo #Sitges2018

Primer día del festival de Sitges. Ya tenía ganas de volver a respirar ese ambiente único que desprenden las calles de la pequeña pero pintoresca localidad catalana durante el certamen. Y si el inicio del festival ya no fuera de por sí motivo de alegría, es Suspiria (2018), el remake de Luca Guadagnino, la encargada de dar el pistoletazo de salida. Llevo siguiendo la pista de este título desde que se hizo oficial su existencia, principalmente porque quería ver cómo el director de Call me by your name, una obra caracterizada por su realismo y naturalismo, reimaginaba la película de Dario Argento, cuya singularidad es el artificio y la exageración. La curiosidad por ver cómo dos mundos totalmente opuestos colapsaban me comía por dentro, y más aún cuando la película estaba consiguiendo dividir a la crítica por completo.

Ahora, después de verla, puedo garantizar que de este choque de universos ha surgido algo que difícilmente te dejará indiferente.

¿Esto es un remake?

No, esto no es un remake. Lo único que tienen en común las dos versiones de Suspiria es su premisa más básica, que ambas suceden en una academia de baile y que un aquelarre de brujas está haciendo de las suyas por ahí. Y nada más. Veía necesario empezar aclarando este punto porque creo que crear una comparación entre ambas es prácticamente inútil. Guadagnino toma prestada la base de Argento para reinventar el relato, añadiéndole unas intenciones totalmente distintas a las de la cinta original. Pero quitando eso, ni siquiera parece que la primera influencie a la segunda.

Suspiria (2018): Guadagino ha creado una pesadilla

La nueva Suspiria no tiene ningún miedo de arriesgar. Toda la película está plagada de pequeños intentos de Guadagnino por crear una nueva forma de concebir el terror, mucho más compleja y sofisticada que a la que estamos acostumbrados a ver en las salas comerciales. Suspiria es un soplo de aire fresco para un género que ha hecho muchos esfuerzos en vano por evolucionar a algo más sofisticado que el sobresalto fácil. El director italiano fusiona su estilo pausado y estricto de componer las imágenes con otros estilos preexistentes del género como el body horror o el onirismo lynchiano, creando una forma de terror increiblemente efectiva. Suspiria no asusta, perturba. Te genera un malestar casi permanente que un servidor no sentía desde El Resplandor de Stanley Kubrick. Y es que ambas consiguen coger el cielo y convertirlo en el infierno.

Narrativamente, la versión de Guadagnino es muy superior a la de Argento. Mientras la Suspiria original nos presenta una trama más bien básica que simplemente se adorna con una puesta en escena muy original y efectiva; la nueva cinta busca crear un relato mucho más complejo y asfixiante, lo cuál consigue, pero no del todo. La trama sabe cómo avanzar, creando giros inesperados y situaciones deliciosamente perversas (de verdad, muy perversas), pero Guadagnino no sabe cómo medir los tiempos. El director parece querer adaptar a Suspiria ese ritmo pausado y contemplativo que tan bien le funcionó en Call me by your name, pero en esta ocasión no ha sonado la campana.

Una atmósfera asfixiante

La excesiva lentitud de los acontecimientos provoca que esa asfixia que algunas escenas te generan desaparezca progresivamente y se convierta, incluso, en aburrimiento. Creo que un ritmo más rápido hubiera hecho que la película fuera mucho más efectiva. Y puestos a hablar de lo malo, tenemos que hablar del final, el cual, a causa de este afán de Guadagnino por innovar, desentona demasiado del resto de la cinta.

Mención especial a la banda sonora de la película. Después de toda la polémica que desataron las canciones que Thom Yorke compuso para Guadagnino, tengo que salir a defenderle. La música parece acompañar a la perfección el tono misterioso y onírico que presenta la cinta. En una película donde lo melódico tiene tanta importancia; el componente de Radiohead ha sabido estar más que a la altura. Puestos a hacer menciones, hay que alabar todas y cada una de las actuaciones, en especial la de la siempre maravillosa Tilda Swinton y la de Dakota Johnson que, aún no ser santa de mi devoción, resulta más que convincente (y sí, es una bailarina sensacional). Ah, y que nadie le pierda la pista a Mia Goth, la cual hace un papelón y va camino de convertirse en una figura fundamental del género.

Como véis, muy poco malo que decir de Suspiria (2018). Es cierto que tiene sus errores y que los curiosos experimentos de Guadagnino no siempre salen bien; pero creo que siempre es digno de admirar ver como un director intenta innovar con un género tan complejo como es el terror; más siendo su primer contacto con este. Espero grandes cosas de ti, Guadagnino. No me decepciones. Y siendo directo, sí. Esta es la película de terror del año.

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Crítica: 7 días en Entebbe, el debate entre lo que está bien y lo que es correcto

El director brasileño José Padilha no es ajeno al género de acción; es conocido por la serie Elite Squad y la nueva versión de RoboCop. Esta vez, Padilha dirige 7 días en Entebbe, producida por Working Title Films, y escrita por Gregory Burke (’71); basada en los eventos de la vida real que tuvieron lugar en julio de 1976, cuando un grupo de revolucionarios secuestró un vuelo de Air France. Con 250 pasajeros en ruta desde Tel Aviv a París. Los secuestradores dejaron el avión en Entebbe, Uganda, donde mantuvieron cautivos a los rehenes durante una semana. La película muestra la “Operación Entebbe” de la vida real; una misión antiterrorista de rescate de rehenes lanzada por el Primer Ministro Yitzhak Rabin, y llevada a cabo por la Fuerza de Defensa israelí. La película está disponible en diversas plataformas y nosotros hablamos de ella.

7 días en Entebbe, otra vez

El secuestro de Entebbe se ha contado varias veces; en las películas Raid on Entebbe y Operation Thunderbolt, por ejemplo. El último rey de Escocia, también contiene el suceso como una trama secundaria. Padilha toma un enfoque diferente; 7 Days in Entebbe nos ofrece una narrativa “desde dentro” enfocada específicamente en dos revolucionarios alemanes. Uno, un poco tímido, Wilfried (Daniel Bruhl) y la otra, una nerviosa, pero intrépido, Brigitte (Rosamund Pike). Wilfried y Brigitte son solo dos miembros del grupo secuestrador formado por pro palestinos. Los dos alemanes parecen estar fuera de lugar en un grupo que tiene ideas contrastantes de lo que es un “revolucionario”.

El atractivo de los personajes (y las interpretaciones)

Sin embargo, Bruhl y Pike aprovechan al máximo sus personajes. Hay momentos en los que te sientes mal por ellos; incluso más que los propios rehenes. El arrepentimiento y el pánico que los supera a medida que se acercan los siete días hacen que quieras creer que lo que están haciendo es bueno, de esa forma abre un debate entre el público: es correcto o está bien lo que han hecho. Bruhl, en particular, hace un gran trabajo al transmitir creíblemente la angustia que este hombre siente al tener que equilibrar sus convicciones y su humanitarismo, agregando profundidad de carácter que de alguna manera falta en el guión de Gregory Burke.

Recibimos flashbacks del pasado del dúo en un intento por subrayar su motivación y proporcionar contexto, pero estos saltos en el tiempo retrasan la historia a un ritmo lento. En otra parte, hay un argumento secundario que involucra a un soldado israelí (Ben Schnetzer) y la interpretación interpretativa de su novia (Zina Zinchenko) que nunca se explica.

Agregando a la mezcla de personajes complejos están el Primer Ministro, Rabin (Lior Ashkenazi), y su ministro de defensa, Shimon (Eddie Marsan). Rabin quiere negociar con los terroristas, algo que los israelíes insisten en que nunca se debe hacer; mientras que Shimon quiere hacerse cargo de un plan de rescate audaz. Luego está el presidente ugandés Idi Amin (Nonso Anozie), que felizmente recibe a los terroristas y les suministra tropas y armas. Idi Amin fue un dictador brutal de su tiempo, sin embargo, esta película retrata un lado algo nervioso y débil de él.

Lo mejor para el final

Como cualquiera que esté familiarizado con los eventos de la vida real lo sabrá; explotará con el infame ataque de las fuerzas especiales israelíes en el aeropuerto. Es aquí donde el director José Padilha muestra sus habilidades principales como cineasta; brindando la misma sensación de asombro y asombro que mostró por primera vez en ambas películas de Elite Squad (y en menor medida en el remake de Robocop). Secuencia importantísima. La redada no dura mucho, pero proporciona un signo de exclamación apasionante a una película que intenta admirablemente contar un evento histórico importante y complejo en el contexto de un thriller accesible.

Aunque hay demasiadas cosas que hacer para que lo maneje; la película involucra y es lo suficientemente provocativa por derecho propio para atraer la atención.

7 días en Entebbe es una película bien hecha, aunque está lejos de ser cautivadora. Es un duro recordatorio de que la paz entre Israel y Palestina sigue siendo una cosa de décadas que lamentablemente no parece tener ánimos de acabar.

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Critica: Venom, Una película valida para dar inicio a un Universo Cinematográfico

Venom

No es lo que esperábamos, para bien o para mal. Durante días hemos estado recibiendo información diferente sobre lo que íbamos a encontrar en Venom, la película protagonizada por Tom Hardy y dirigida por Ruben Fleischer. Algunos dijeron que sería la peor película del año (alimentados por las palabras de Tom Hardy). No es la peor película del año, ni la mejor.

Es una mezcla de ideas brillantes y otras no tanto, se nota una implicación de parte de los involucrados y amor por los cómics, pero con necesidades de ser un éxito en taquilla, por eso su clasificación es PG-13 para todos los públicos.

Debido a que la película no tiene la categoría R, la audiencia será más numerosa (es una realidad, llevan ya más de 200 millones de dólares en taquilla), pero también veremos menos sangre en la pantalla. Y el personaje de Venom necesitaba esa sangre para hacer la película que los fanáticos han estado exigiendo durante años.

Venom, un origen diferente al de los comics

Venom

La historia es bastante genérica. Es una película sobre el origen del personaje, un antihéroe violento con una obsesión por proteger a los inocentes. Y muy vinculado a Spiderman en los cómics, porque el simbionte estaba vinculado a Peter Parker antes que Eddie Brock, el personaje interpretado por Tom Hardy.

La película esquiva esa bala, dando un origen más cercano a la serie de animación de los años noventa, y permite que el personaje sea libre para crear su propio destino sin vivir en espera de lo que haga o no haga Spiderman. Es una de las mejores cosas de la película.

Pero Venom también tiene errores que dañan el resultado final. Algunos están cometiendo errores que parecen incomprensibles, como Michelle Williams. Aunque no lo parezca, la actriz es la que sale peor parada del reparto. Williams ha sido nominada cinco veces para el Oscar, por lo que no parece lógico, pero es cierto.

Riz Ahmed, un villano siniestro

Venom

Riz Ahmed compone un villano tópico, pero con un punto siniestro. El enemigo principal de Venom en la trama, Carlton Drake interpretado por Riz Ahmed, carece de profundidad, su motivación no es creíble, y peor aún, luego que se transforma en Riot tampoco profundizan en cómo se integra el objetivo del simbionte de invadir la tierra y acabar con la humanidad con la visión de Drake de evolucionar en una raza superior de humano para explorar el espacio.

La estrella, por supuesto, es Tom Hardy. Su personaje perdedor y su combinación con Venom son el alma de la película. Respeta completamente la esencia del cómic, pero también agrega un punto de humor negro muy divertido. Solo para ver cómo Venom y Eddie discuten, como una extraña pareja, vale la pena ver la película. Y, por cierto, Venom no aparece solo cinco minutos en pantalla. Es el centro de la historia y podemos disfrutarla durante muchos minutos.

Impresiones finales

Venom no es perfecta, pero es muy entretenida. Si, sus efectos visuales son magníficos, pero también lo es su humor negro. Si sus escenas de acción abusan del CGI, su tono de serie B no nos preocupa en absoluto. La película despega tan pronto como el simbionte hace acto de presencia, y su ritmo continúa creciendo hasta el final, quizás no sea un gran final, pero muy agradable.

También hay dos escenas post-crédito, la primera esencial (y nos hace preguntarnos si podrán hacer esa película en el futuro) y la segunda… bueno, es mejor dejar que la audiencia lo descubra. Estoy seguro de que, a pesar de lo que muchos dicen, Venom se convertirá en una película de culto, y no puedo dejar de pensar en la posible continuación, con todas las posibilidades que ofrece la historia que han presentado ahora.

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