La Cuarta Pared en el cine – Qué es y Cómo romperla

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El pasado verano, Twitter se volvió loco cuando un hombre llamado Manuel Bartual decidió contarnos a través de tweets los extraños sucesos que estaba viviendo durante sus vacaciones. Miles y miles de usuarios quedaron totalmente atrapados por esta historia, hasta el punto de no desengancharse del teléfono con tal de no perderse ni un sólo detalle de los acontecimientos. Este espontáneo fenómeno de masas despertó en mí una clara pregunta: ¿Qué tiene la historia de Manuel Bartual para ser tan adictiva? En esencia, no deja de ser una trama de misterio y ciencia ficción más, como la que nos podríamos encontrar en una película o libro. Pero lo que hace especial a este relato no es lo que cuenta, sino cómo lo cuenta.

Bartual consigue con su hilo en Twitter romper la cuarta pared, involucrando así al lector en la historia y haciéndole sentir que lo que está leyendo no es un simple cuento, sino una realidad que está viviendo en tiempo real. Pero aunque lo que este tweetero consiguió tiene mucho mérito, no es en absoluto el primero en conseguir romper la barrera que separa al espectador de la ficción. Por lo tanto, el objetivo de este artículo será realizar un viaje por diferentes obras que juegan con el concepto de la cuarta pared e intentar averiguar por qué nos fascinan tanto.

¿Qué es la cuarta pared?

Antes de empezar, me veo obligado a explicar de forma superficial qué significa este concepto. La cuarta pared viene a ser ese obstaculo que separa al espectador de la ficción. Cuando este muro se rompe, la obra es consciente de la existencia de una audiencia y, por lo tanto, de su condición de ficción. Es algo difícil de explicar, pero con ejemplos es más fácil de entender. Por ejemplo, si estás viendo una película y el protagonista empieza a hablar a cámara, el director acaba de romper la cuarta pared. Esta escena de Annie Hall vendría a ser la materialización perfecta de este ejemplo.

Pero hablar a la cámara no es la única forma de romper la cuarta pared. A continuación, vamos a analizar tres obras de ficción que juegan con este concepto con el fin de conseguir que la audiencia deje de ser un simple testigo de la acción.

Funny Games, (1997)

Hablar de la cuarta pared sin nombrar a Funny Games sería una blasfemia en mayúsculas. De hecho, fue esta película de Haneke la que me empujó a realizar este artículo. El filme narra la historia de una familia corriente cuya casa se ve invadida por dos desconocidos, los cuales aseguran que van a conseguir matarlos antes de que acabe el día. La frialdad de la trama ya hace de esta una película tan incómoda como única, pero sin duda hay mucho más. La gran peculiaridad de Funny Games es que consigue convertir al espectador, no sólo en un personaje más, sino en el protagonista de la historia. Todo el filme no deja de ser un experimiento del director en el que nosotros somos los conejillos de indias. Haneke intenta demostrar que, por mucho que lo neguemos, nos gusta la violencia y el sufrimiento ajeno. La película se presenta como un collage de momentos realmente macabros, insensibles e incómodos que te lanzan una pregunta a la cara: ¿Cuánto vas a aguantar?

Incluso los antagonistas nos hablan como si trabajaran para nosotros, porque ellos no tienen motivos para cometer las atrocidades que cometen. Todo lo hacen porque nosotros lo queremos ver. La película nos intenta decir que somos malas personas porque al estar viendo Funny Games estamos haciendo posible que este crimen ocurra. Aunque la crueldad es el hilo conductor de la trama, las muertes son tratadas con una solemnidad increíble para fomentar esa idea de que ni siquiera el director quiere que esto ocurra, sólo tú lo quieres. La genialidad de Haneke es que consigue convertirte en el antagonista de la película, lo que hace de este filme una experiencia imprescindible (con el estómago vacío, mejor). Por cierto, muy atentos al mando a distancia.

La cuarta pared y cómo Funny Games la rompe

Marble Hornets (2009)

Marble Hornets es una web-serie que centra su trama en la famosa leyenda de Internet, Slenderman. En la serie, un joven intentará averiguar la verdad tras unas cintas de video donde suceden cosas extrañas. Conforme el protagonista va realizando progresos en su misteriosa y tétrica investigación, este los va subiendo a Youtube para que todo el mundo pueda verlos. Y es aquí donde empieza lo que hace de esta serie una experiencia única. El canal de Youtube del protagonista es real y se convierte en la única vía que nosotros tenemos de seguir la historia.

Nosotros formamos parte del universo en el que sucede esta historia, lo que le aporta un grado de inmersión nunca visto hasta el momento. Y es que en el momento de su estreno, los episodios se iban subiendo en tiempo real, conforme la acción sucedía, y todo era comentado en la cuenta de Twitter del protagonista. Esto creó en el espectador la sensación de estar viendo algo real, donde a gente real le estaba pasando algo real, consiguiendo así romper la ficción de una forma realmente inteligente. Este aspecto convierte a la web-serie en una posible influencia del hilo de Manuel Bartual, ya que ambas tienen el mismo objetivo: Crear una ficción que nos haga dudar de la realidad.

Sé que puede ser difícil de entender y estoy seguro de que no me he explicado de la mejor forma posible, por eso os invito a echarle un vistazo a la serie. Los diferentes episodios fueron subidos a Youtube y siguen disponibles en la lista de reproducción que os comparto un poco más abajo. Creedme cuando os digo que Marble Hornets es una de las experiencias más reales y aterradoras que he vivido en el género de terror. No la dejéis escapar que, además, es gratis. A caballo regalado, no le mires el dentado.

Yo, Tonya (2018)

Este mismo año se ha estrenado una película donde la cuarta pared juega un papel fundamental. Y es que Yo, Tonya es un peliculón en mayúsculas: Actuaciones magistrales, un guión muy bien construido y un montaje tan original como trepidante. Pero además, presenta una característica que añade al filme un subtexto realmente interesante. La película protagonizada por Margot Robbie está presentada a modo de falso documental donde se realizan entrevistas a diferentes sujetos involucrados en el caso de la patinadora estadounidense Tonya Harding. Este género no es novedoso, ya que encontramos numerosos ejemplos de obras que han seguido este modelo antes que Yo, Tonya. Pero lo realmente interesante es cómo el filme utiliza el falso documental para crear una subjetividad en la trama.

No quiero spoilear porque es una película demasiado reciente, pero la genialidad del filme es que en ningún momento se nos dará la verdad absoluta, sino que se nos presentan diferentes versiones de los hechos contadas por los propios protagonistas y nosotros debemos tomar la decisión de a quién creer. Incluso los personajes nos hablaran directamente a cámara para pedirnos que les creamos. Este pequeño pero efectivo detalle nos convierte en un protagonista más donde todo gira en torno a nosotros. Además, esta subjetividad nos ayuda a alejarnos de la idea de un guión cerrado y, por lo tanto, de la ficción.

No quiero hablar mucho más de la película para no estropeársela a nadie, pero enserio, tenéis que verla. Es sin lugar una de las películas más originales y potentes que he visto este año, no puede dejarte indiferente.

La cuarta pared y cómo Yo, Tonya la rompe

Pues este artículo ha llegado a su fin. Sé que es algo diferente a lo que suelo hacer por aquí, pero si os gusta se puede convertir en algo más habitual. ¡Espero que os haya gustado!

1 COMENTARIO

  1. Brutal como siempre, no dejas de superarte, sinceramente creo que explicas de una forma muy amena y a la vez das un mensaje que llega muy bien al lector, no dejes de escribir porque se te da de miedo!

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